Palabras del Presidente de la República del Perú, Doctor Alan García Pérez, tras recibir en la Palacio de Gobierno el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, SDB.
 

Eminentísimo Señor Cardenal Tarcisio Bertone
Señor Nuncio
Señor Cardenal Primado
Señor Presidente de la Conferencia Episcopal
Dignas autoridades civiles y eclesiásticas
Padre Hugo de Censi
 
Damos la bienvenida en nombre del Perú con profunda emoción al Secretario de Estado del Vaticano, al Cardenal Camarlengo, al número dos de la Iglesia Universal.

En este momento en que el Perú todavía está conmovido por el dolor, por el sobresalto y por el temor, sabemos que su presencia, es presencia espiritual, debe traer paz, calma y serenidad a todos los hogares de la patria y especialmente a quienes han sufrido profundamente la pérdida de los suyos o la destrucción de sus propiedades.

Aquí estuvo alguna vez como Prefecto de la Congregación de la fe, quien es hoy día nuestro Santo Padre Benedicto XVI. Y con él y junto al Cardenal Juan Landázuri tuvimos ocasión de orar en la Iglesia Catedral.

Estoy seguro que su presencia es una muestra del profundo afecto y del interés permanente que el Vaticano y el Santo Padre tienen por este pueblo cristiano, profundamente cristiano, permanentemente católico; y estoy seguro que su presencia aquí nos trae con fuerza y nos refresca el mensaje eterno de Cristo, de amor, de servicio y de libertad. Solo el pensamiento de Cristo, con profundidad eterna, nos lleva por el camino del amor, de servicio y de la libertad y he visto como nuestra patria ha congregado su preocupación, su afecto, en la solidaridad por los miles de hogares destruidos en estos días y se ha volcado como Cristo lo hizo enseñándonos, lavando los pies de sus discípulos al servicio, a la entrega.
Creo que las circunstancias de dolor son las que nos permite construir la identidad, la solidaridad y el amor. Y esta ha sido una prueba para que construyamos esos valores que son los valores de Cristo y los valores eternos de la Iglesia.

Con el deseo siempre presente de que el Santo Padre alguna vez nos pueda visitar como en dos ocasiones lo hizo Juan Pablo II, le hacemos llegar a Usted y al Vaticano nuestro profundo agradecimiento por esta visita que dentro de unos momentos le permitirá llegar hasta Chincha, Pisco y Ica, a ver personalmente el dolor de los damnificados y llevarles el consuelo de los valores cristianos y que le permitirá además dar un nuevo y vigoroso impulso al espíritu y a la organización cristiana y católica, a través del IX Congreso Eucarístico que Usted inaugurará mañana en Chimbote.

Con nuestra permanente adhesión siempre a los valores de la palabra de Cristo y Dios le damos la bienvenida y con toda modestia le imponemos esta Orden que nació cuando el nació el Perú como nación, independiente creada por el gran General San Martín que es la Orden del Sol del Perú, en su más alto nivel.

Lleve Usted nuestro respeto y nuestro afecto al Santo Padre.
 
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