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MENSAJE
A TODAS LAS MADRES DEL PERÚ |
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Nadie
más que una madre, para conocer el milagro de la vida que
nace en su seno.
Desde
la Ciudad del Vaticano, a donde viajó para la Visita Ad
Limina, el Arzobispo de Trujillo y Presidente de la Conferencia
Episcopal Peruana, Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte OFM.,
elevó sus plegarias y envió su paternal saludo a
todas las madres del Perú, que celebraron el segundo domingo
de mayo, el Día de la Madre.
La misiva que Monseñor Miguel Cabrejos envía, señala
lo siguiente:
La madre da todo a cambio de nada, para que el hijo afronte
la vida, siendo cada día mejor. En este sentido, agradezco
a las madres que han permitido ver la luz del mundo a sus hijos
y que de ese modo dan a conocer la creación de Dios con
el don maravilloso de la vida, emprendiendo con fortaleza y amor
la misión de ser madres; enfrentando con valentía
las dificultades que en el transcurso de la vida se presentan.
En la maternidad la mujer es la que paga directamente
por el común engendrar, y el nuevo ser absorbe las energías
de su cuerpo y de su alma. Por eso es necesario que el hombre
sea plenamente consciente de que en este ser padres en común,
él contrae una deuda especial con la mujer. La maternidad
de cada mujer, no es solamente de carne y de sangre,
sino que ella es la primera formadora del espíritu del
nuevo ser: una filigrana de corte humano y divino que nadie más
que la madre es capaz de realizar.
Por eso, en este día saludo a todas las madres, aquellas
que son los únicos pilares de su familia asumiendo también
el rol de padre y que por diversas circunstancias de la vida se
encuentran solas, aquellas que sufren tanto física como
moralmente. A ellas, nuestro especial saludo y agradecimiento.
Asimismo acompaño la soledad de las madres olvidadas por
los hijos adultos, la de las viudas y los sufrimientos de las
que luchan solas para sobrevivir. Ruego a todos volver el rostro
hacia las madres que son víctimas de injusticias o de explotación
y que sufren por haber sido heridas en su dignidad humana o materna,
heridas de la conciencia que difícilmente cicatrizan.
Igualmente, pido a todos, que dirijamos una mirada a María
Madre del Hijo de Dios, para que sintamos y vivamos plenamente
la grandeza de su misión.
Finalmente, les invito a elevar una oración por nuestras
madres, tanto por las que están con nosotros y nos llenan
de orgullo con su presencia, como por las que gozan de la misericordia
de Dios y que continúan acompañándonos con
su presencia invisible, pero real desde el cielo.
Para ustedes el mejor de mis saludos, oración y gratitud.
¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!
En el Señor.
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Monseñor Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM
Arzobispo Metropolitano de Trujillo
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana
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