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Hermanas
y hermanos:
Tras
la lectura de este fragmento del evangelio de san Marcos, preparado
magistralmente por el demasiado breve fragmento del libro de
Job, podríamos recordar un cuadro de un gran pintor del
siglo XVII, Rembrandt. Se trata de un dibujo sencillo en blanco
y negro. En él aparecen un grupo de personas demacradas,
enfermas, tullidas, sufrientes, que rodean la figura bondadosa
de Cristo, quien extiende sobre ellos sus manos. Tan sólo
una aureola suave de luz rodea la cabeza de Jesús, dibujada
con aquella extraña habilidad de los artistas que les
permite plasmar la luz. El mismo Rembrandt fue un hombre que
sufrió múltiples contrariedades en su vida y quizás
por eso supo expresar con tanto acierto los dolores de las personas
y la misericordia de Cristo.
Y he aquí a Cristo haciendo milagros: Curó a muchos
enfermos de diversos males y expulsó muchos demomos,
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¿Qué
son los milagros? Se trata de sucesos inalcanzables al hombre
solo, realizados normalmente en favor de personas que sufren.
¿Por qué Jesús hacía milagros? Diría
que por dos motivos: en primer lugar, para fortalecer la fe
de sus discípulos, y segundo, porque se compadecía
de las personas que sufrían.
Este acercarse a los afligidos y curarlos, lo siguieron haciendo
después sus discípulos y también más
tarde los santos de las diferentes épocas. Actualmente
también se dan manifestaciones milagrosas entre los enfermos
que acucien, por ejemplo a rezar a Lourdes, advocación
mañana que celebramos precisamente el próximo
sábado.
Los santos, porque han tenido mucha fe, también han imitado
a Jesús retornando la salud a personas afligidas.
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P Frederíc
Ráfols
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Lectura
del libro de Job 7,1-4. 6-7
Habló
Job diciendo:
-«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio,
sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira
por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Meses de desengaño son mi herencia, y noches de sufrimiento
me han tocado en suerte. Al acostarme pienso: ¿cuándo
me levantaré?
Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Mis dfas se acercan a su fin, sin esperanza, con la rapidez de
una lanza de telar.
Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán
más la dicha».
Palabra
de Dios.
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| Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
9,16-19.22-23
Hermanos:
El
hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo
más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el
Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi
recompensa. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han
encargado este oficio. Entonces, ¿Cuál es la recompensa?
Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo gratuitamente,
sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me hice esclavo de todos para ganar
a todos los que pueda. Me hice débil con los débiles,
para ganar a los débiles; me hice todo para todos, para
ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también
de sus bienes.
Palabra
de Dios.
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Lectura
del santo Evangelio según san Marcos 1,29-39
En
aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos
de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón
y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con
fiebre; se lo dijeron a Jesús y él se acercó,
la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó
la fiebre y se puso a servirles. Al atardecer, cuando ya se
había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y
endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó
a muchos demonios; y como
los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se fue a un lugar solitario
y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros
fueron y, al encontrarlo, le dijeron: -«Todo el mundo
te busca».
Él les respondió:
-«Vamos a otra parte, a los pueblos cercanos, para predicar
también allí; que para eso be venido».
Asi recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas
y expulsando los demonios.
Palabra del Señor.
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| Lun.:
1R 8, 1-7, 9-13; Sal 131; Mc 6, 53-56 |
Jue.:
1R
11, 4-13; Sal 105; Mc 7, 24-30 |
| Mar.:
1R 8,
22-23, 27-30; Sal 83; Mc 7, 1-13 |
Vie.:
1R 11, 29-32, 12, 19; Sal 80; Mc 7, 31-37 |
| Mié.:
1R 10,
1-10; Sal 36; Mc 7, 14-23 |
Sáb.:
1R
12, 26-32; 13, 33-34; Sal 105; Mc 8, 1-10 |
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