Ciertamente
Jesús no nos está invitando a odiar o a despreciar a la familia.
Ni a suicidarnos, cuando dice que tenemos que renunciar incluso a nosotros mismos.
Nos está diciendo que hay que saber distinguir entre los valores importantes,
los «absolutos», y los menos importantes, los «relativos».
Y obrar en consecuencia, sabiendo renunciar a los secundarios para conseguir los
principales.
Como el que hace números y presupuestos a la hora de
empezar la construcción de una casa. O cuenta bien las fuerzas de que dispone
antes de declarar la guerra a un enemigo. O el estudiante que elige una carrera
y sabe que, para conseguirla, renuncia a muchas cosas. O el atleta que, para ganar
la medalla, deberá renunciar a determinadas comidas y géneros de
vida para estar en forma, O el que decide casarse y, con ello, normalmente, deberá
separarse de su familia para formar una nueva.