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Actualidad

 

. ............Ciclo “C”

.....DOMINGO XXIII DEL
.....TIEMPO ORDINARIO.....

Sabiduría 9,13-18
Filemón 9b-10.12-17
Lucas 14,25-33
Domingo, 5 de setiembre de 2010

 
 
 

Ciertamente Jesús no nos está invitando a odiar o a despreciar a la familia. Ni a suicidarnos, cuando dice que tenemos que renunciar incluso a nosotros mismos. Nos está diciendo que hay que saber distinguir entre los valores importantes, los «absolutos», y los menos importantes, los «relativos». Y obrar en consecuencia, sabiendo renunciar a los secundarios para conseguir los principales.

Como el que hace números y presupuestos a la hora de empezar la construcción de una casa. O cuenta bien las fuerzas de que dispone antes de declarar la guerra a un enemigo. O el estudiante que elige una carrera y sabe que, para conseguirla, renuncia a muchas cosas. O el atleta que, para ganar la medalla, deberá renunciar a determinadas comidas y géneros de vida para estar en forma, O el que decide casarse y, con ello, normalmente, deberá separarse de su familia para formar una nueva.

Seguir a Cristo exige opciones valientes, personales. A veces supone tomar la cruz y renunciarse a sí mismo, o sea, a nuestras apetencias más instintivas o a las sugerencias de este mundo, que no nos llevan a ninguna parte. Seguir a Cristo no consiste en saber cosas o adherirse a unas verdades. Es aceptar su estilo de vida. No se trata de renunciar a cosas por masoquismo, sino por conseguir valores mayores.

P. José Aldazábal
 
  
 
Lectura del libro de la Sabiduría 9,13-18

¿Qué hombre conoce los proyectos de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son frágiles, e inseguras nuestras reflexiones; porque el cuerpo mortal es un peso para el alma, y esta morada terrena oprime a la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a nuestro alcance. Pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo? ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo?
Sólo así se enderezaron los caminos de quienes habitan la tierra, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.

Palabra de Dios.

 
  
 
Sal 89.3-4.5-6.12-13.14 y 17
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.


Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retomen, hijos de Adán». Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Las siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde se marchita y se seca.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
 
  
 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10.12-17

Yo, Pablo, ya anciano y ahora también prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como si te enviara mi propio corazón.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad.
Quizá él te abandonó por breve tiempo, precisamente para que ahora lo recuperes para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano muy querido.
Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tu, como hombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como si me recibieras a mí.

Palabra de Dios.


 
  
 

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
- «Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, una vez puestos los cimientos, no puede acabarla y se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de terminar».
¿O qué rey, si va a dar batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le
ataca con veinte mil?
Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, envía delegados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo ustedes: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».


Palabra del Señor.


 
  
 
Lunes: 1Co 5,1-8; Sal 5; Lc 6,6-11
Jueves: 1Co 8, 1b-7, 11-13; Sal 138; Lc 6, 27-38
Martes: 1Co 6, 1-11; Sal 149; Lc 6, 12-19
Viernes:1Co 9, 16-19. 22b-27; Sal 83; Lc 6, 39-42
Miércoles: Mi 5, 1-4a (o bien: Rm 8, 28-30); Sal 12; Mt 1, 1-16. 18-23 (o bien: Mt 1, 18-23)
Sábado: 1Co 10, 14-22; Sal 115; Lc 6, 43-49
 

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