Hermanas
y hermanos:
Es
una gran noticia la que nos da Pablo en este tiempo de Cuaresma,
ya a las puertas de la Pascua: Dios nos concede siempre la
oportunidad de la reconciliación. Todos necesitamos
que Dios use esa misericordia con nosotros.
Será bueno que, en estas próximas semanas, aprovechemos
el sacramento en que precisamente se nos concreta la gracia
de esta reconciliación. Sigue teniendo sentido pleno
lo de «confesar por Pascua». Es la mejor manera
para entrar en la Pascua, dejarse comunicar la victoria que
Cristo, en la cruz, conquistó contra el pecado y dejarse
«juzgar» y perdonar por su misericordia. La oración
nos hace decir: «reconcilias a los hombres contigo por
tu Palabra hecha carne, para que asi puedan «celebrar
las próximas fiestas pascuales».
Tendremos que imitar la actitud de conversión del hijo
pródigo: «me pondré en camino adonde está
mi padre y le diré: padre, he pecado contra el cielo
y contra ti». Por encima de nuestro pecado, está
la misericordia de Dios. Cuando el Catecismo describe, en
un hermoso número, la historia del hijo pródigo,
afirma que «el centro es el padre misericordioso»:
CCE 1439.