Hoy
no es un día para intentar explicar el «misterio de la Trinidad»,
sino de recordar cómo ha actuado y sigue actuando Dios en bien nuestro,
y cómo toda nuestra vida está marcada y orientada por su amor:
*
ya en el Bautismo fuimos signados y bautizados «en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo», envueltos, por tanto, ya desde el
principio, en su amor;
* en la celebración de la Eucaristía,
al principio nos santiguamos en su nombre, el presidente nos saluda en su nombre,
y al final nos bendice también en el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu
Santo;
* durante la misa cantamos el Gloria, o recitamos el Credo, siempre
centrados en la actuación de las tres divinas Personas; y el sacerdote,
en nombre de la comunidad, siempre dirige la oración al Padre, por medio
de Cristo y en el Espíritu;
* en la «doxología»
o alabanza final de la Plegaria Eucarística, dice solemnemente cuál
es la dirección de toda nuestra alabanza: «por Cristo, con él
y en él, a ti. Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria. . .»;