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Hermanas
y hermanos:
Epifanía
es también el mensaje gozoso de la universalidad de la
salvación de Dios. ¿Para quién ha venido
Cristo Jesús? Para todos los pueblos de la tierra. Esta
es la respuesta de las lecturas de hoy. No sólo para
Israel, también para los paganos. No sólo, ahora,
para los católicos o los cristianos, también para
los demás pueblos y religiones.
En la Epifanía celebramos la manifestación de
Jesús a todos los pueblos de la tierra, representados
en los magos. Lo anunciaba ya Isaías: «todos los
pueblos caminarán a tu luz: todos se reúnen y
vienen a ti». El salmo nos ha hecho repetir que «se
postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la
tierra».
Claro que lo que anunciaba Isaías, que iban a venir a
ofrecer sus regalos, ahora no lo hacen a Jerusalén como
capital geográfica, sino a Cristo, en quien se cumplen
los anuncios: «caminarán los pueblos a tu luz proclamando
las alabanzas del Señor». Como dice el Catecismo,
«en estos magos, representantes de religiones paganas
de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de la naciones
que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de «salvación»
(CCE 528).
Todo eso, como dice Pablo, responde al plan de Dios. El «misterio»
que estaba oculto durante siglos ahora se ha manifestado en
Cristo: «que también los paganos son coherederos,
cóparticipes de la promesa en Jesucristo». Como
dice la oración colecta de hoy: «tú en este
día revelaste a tu Hijo Unigénito a los pueblos
gentiles».
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P. José Aldazábal
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Lectura
del libro de Isaías 60,1-6
¡Levántate,
brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor
amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá
sobre ti.
Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor
de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos se han reunido, vienen
hacia ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en
brazos.
Al ver esto, te pondrás radiante de alegría; palpitará
y se emocionará tu corazón, cuando vuelquen sobre
ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de
Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las
alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
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Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Dios
mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo
de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes
con rectitud.
Los confines
de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Que
en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte
la luna; que domine de mar a mar; del Gran Río al confín
de la tierra.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los
reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren
ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Él
librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía
protector; él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
Los
confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
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Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3,2-3a.5-6
Hermanos:
Seguramente han oído hablar de la distribución
de la gracia de Dios que se me ha dado a favor de ustedes.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio,
que no había sido manifestado a los hombres en otros
tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu
a sus apóstoles y profetas: que también los otros
pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo
cuerpo y participes de la promesa en Jesucristo, por medio del
Evangelio.
Palabra de Dios.
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+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo 2,1-12
Jesús
nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén
preguntando:
«¿Donde está el Rey de los judíos
que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos
a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo
Jerusalén con él; convocó a los sumos
sacerdotes y a los escribas de¡ país, y les preguntó
dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito
el profeta: "Y tú Belén, tierra de Judea,
no eres ni mucho menos la última de las ciudades de
Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el
pastor de mi pueblo Israel"».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para
que le precisaran el tiempo en que habla aparecido la estrella,
y los mandó a Belén, diciéndoles:
_«Vayan y averigüen cuidadosamente acerca de¡
niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para
ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en
camino, y de pronto la estrella que habían visto salir
comenzó a guiarlos hasta que se detuvo en el lugar
donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegria. Entraron
en la casa, vieron al niño con María, su madre,
y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo
sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo sido advertidos en sueños, para que no volvieran
adonde estaba Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
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| Lunes:
1Jn
2, 3-11; Sal 95; Lc 2, 22-3 |
Jueves:
1Jn 4,19--5,4; Sal 71; Lc 4,14-22a
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| Martes:
1Jn
4,7-10; Sal 71; Mc 6,34-44 |
Viernes:
1Jn 5,5-13; Sal 147; Lc 5,12-16
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| Miércoles:
1Jn
4,11-18; Sa171; Mc6,45-52 |
Sábado:
1Jn
5,14-21; Sal 149; Jn 3,22-30
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