| | ¿Qué
es la Cuaresma?
Si
tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de
Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de
nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios
Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas
por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente
para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración
y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y
la limosna.
Ayuno no sólo de comida y bebida, que también
será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo,
a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar
al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras
propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos,
vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas,
iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo.
Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar
nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de
amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes
durante este tiempo de cuaresma.
Ayuno y abstinencia, también,
de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los
sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta
nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de
los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio
a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más
dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte. | |