En
la celebración litúrgica del Miércoles de Ceniza se nos recuerda
dos realidades muy importantes para la vida del ser humano y de manera especial
para todos los cristianos. Ambas realidades vienen expresadas en las palabras
que el sacerdote dice al imponer la ceniza a los fieles: Acuérdate
que polvo eres al polvo retornarás y Conviértete y cree
en el Evangelio. La primera frase nos recuerda la precariedad de
la vida terrena. Estamos aquí, en este mundo, solamente de paso. Nuestra
patria real es el cielo. No hemos sido creados para la muerte ni para terminar
en un ataúd, sino que hemos sido creados para gozar del amor de Dios por
toda la eternidad, siendo felices con Él. Lo terreno es pasajero y carece
de verdadero valor si no está orientado hacia la eternidad para la que
hemos sido creados.
Por ello, la segunda frase: Conviértete
y cree en el Evangelio, nos recuerda cuál es la respuesta que Dios
ha dado al hombre ante la precariedad de esta vida terrena marcada por la imperfección
y, muy a menudo, por el pecado. Esa respuesta de Dios es que, en su propio Hijo,
Jesucristo, Él ha pagado por nuestros pecados, muriendo en la cruz. En
Jesús crucificado y resucitado, Dios ha perdonado nuestras ofensas, todos
nuestros pecados. Jesús, el Hijo de Dios, ha dado su vida por nosotros;
con su sangre ha sido cancelada la deuda de Adán y de toda la descendencia
de Adán que somos nosotros, y el cielo ha quedado nuevamente abierto para
todos los hombres que se conviertan y crean en el Evangelio.
Creer en
el Evangelio es dejar que la Palabra de Dios guíe nuestra vida y modele
toda nuestra existencia.
El Miércoles de Ceniza, con su llamada
a la conversión, es también un llamado a vivir en la verdad de que
somos hijos de Dios, creados para vivir con Él y con los hermanos por toda
la eternidad. Pidamos a la Santísima Virgen María, nuestra
Mamita de Chapi, que nos obtenga de Dios la gracia de vivir una santa Cuaresma
y que a través de la práctica del ayuno, la oración y la
limosna, nos preparemos adecuadamente para celebrar la Semana Santa y la Pascua
del Señor, centro de la vida cristiana.
¡Dios les bendiga!
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Javier Del Río Alba Arzobispo de Arequipa |