Dos
incidentes durante su estadía en Padua son dignos de ser contados: En una
oportunidad es atacado por varios estudiantes para tratar de humillarlo por ser
tan piadoso. Pero como en París había aprendido muy bien el arte
de la esgrima, los derrota con su espada pero los deja ir ilesos. En una segunda
oportunidad los estudiantes corrompidos preparan a una mujer impura para que con
pretexto de visita de estudios tentara a Francisco. Este la hace salir huyendo
avergonzada de haberse atrevido a tratar de hacer pecar a una persona que vivía
su convicción.
Estos dos hechos se hicieron muy conocidos en toda
la ciudad, y en el día en que la Universidad le confirió el doble
doctorado en Derecho y Teología, el Rector lo elogió públicamente
por tan valientes actitudes.
Así, en 1593 fue ordenado sacerdote
y gracias a la influencia de su padre, le fue otorgado el cargo de Proboste (superior)
de su Capítulo. Cada vez era más claro que San Francisco no era
un prelado mundano, a pesar de la práctica normal de darle a los miembros
de familias nobles altos cargos eclesiásticos.
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